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Mi diente bien flojo

Martes

Soy Kayla Smyle y este es mi cuento. Tengo siete años, pelo castaño, ojos azules y un diente muy flojo. Desde hace mucho tiempo espero que este diente se me caiga. Lo empujo con la lengua, lo muevo hacia adelante y hacia atrás y ayer incluso lo retorcí en forma de círculo. Necesito perderlo pronto porque tengo que ponerlo debajo de mi almohada para el Ratoncito Pérez. Él me visitará cuando esté durmiendo y me dejará un regalo. Me alegra lo del regalo pero me alegra mucho más que el ratoncito me visite. Nunca lo he visto. Nunca. Ni siquiera una vez.

No se lo voy a decir a nadie. Me quedaré despierta toda la noche y esperaré a que él llegue. Me haré la que se está durmiendo, y cuando lo oiga voy abrir los ojos y voy a sorprenderlo. Él de verdad que se sorprenderá porque le voy a tomar una foto. Espero que sonría porque probablemente solo tendré una oportunidad de tomarle una buena fotografí­a. Los ratoncitos son rápidos y puede que éste se me vaya sin darme cuenta.

Miércoles

¡Mi diente todavía no se ha caído! Quiero que se me caiga. Mi abuelo dijo que él podía amarrarle un hilo al diente, luego amarrar el hilo al picaporte de la puerta y después tirarla, y así­ mi diente se me caerá. Me hizo llorar tanto que mi mamá no lo dejó

Jueves

Hoy medio que me metí­ en un problema. Estaba empujándome el diente con la lengua y lo retorcí­ como en un cí­rculo otra vez. Mi maestro, el Sr. Williams, me hizo una pregunta pero no lo escuché. Creo que debió haberme llamado muchas veces porque cuando me di cuenta, ¡ya estaba en mi escritorio! Me preguntó si le habí­a escuchado y le dije que no. Luego me volvió a preguntar por qué no le había escuchado. Le expliqué lo de mi diente y él me comprendió. Creo que fue algo que consideró gracioso porque hatsa se rio y me dijo que de ahora en adelante prestara atención.

Viernes

¡El diente se me cayó! ¡Mudé el diente! ¡Estoy tan feliz! Ya lo puse debajo de mi almohada. Se me cayó en la mañana. No me dolió nada. Creo que de tanto empujarlo por fin lo logré. Estaba moviéndolo hacia atrás y hacia adelante, luego lo retorcí en forma de un círculo y después estaba colgando de un hilito finito hasta que lo empuje un poquito más y salió. Mi mamá y mi papá me aplaudieron.

Ahora tengo un hueco en la boca. Se siente raro, pero es divertido meter la lengua en él. Me toco cada diente con la lengua y dejo el espacio vacío para el final. Después vuelvo al diente que está al lado del espacio vacío y le paso la lengua de arriba abajo y de arriba abajo del espacio vacío como si fuera una montaña rusa. Me pasé todo el día haciendo esto, pero dejaba de hacerlo cada vez que el Sr. Williams me miraba.

Hoy me quedaré despierta toda la noche y esperaré al Ratoncito Pérez. Sé bien que lo puedo hacer. Tomé prestada la cámara de mi mamá y papá y la puse debajo de mi cama. Cuando vea al Ratoncito, encenderé la luz rápidamente y le tomaré una fotografía. Si no se va, posiblemente hable conmigo y me diga cómo es que visita a tantos niños, qué hace con los dientes y otras cosas más. Estoy desesperada por verlo. ¡De verdad, de verdad, que no puedo esperar! Pero esperaré. Esperaré. Esperaré. Esperaré al Ratoncito Pérez.

Viernes (más tarde)

Puedo esperar toda la noche. No estoy cansada. Sigo esperando. No estoy cansada para nada. No me estoy durmiendo. Estoy esperando. Es fácil. Puedo esperar toda la noche. No estoy cansada.

Sábado

¡Me quedé dormida! Estuve despierta hasta muy tarde y esperé y esperé. Yo misma me decía "Estoy despierta, estoy despierta". Recité el alfabeto y practiqué mi conversación con el Ratoncito Pérez, y me aseguré de que la cámara estuviera lista y mantuve los ojos bien abiertos. A veces los cerraba, pero sólo por medio segundo. No me acosté para nada. Puse la cabeza sobre la almohada, pero no por mucho tiempo. Estaba sentada, sólo descansaba la cabeza.

Es todo lo que puedo recordar. Cuando desperté, el sol bañaba mi cuarto, pero el Ratoncito no estaba. Pero él sí me visitó y me dejó un regalo debajo de mi almohada. Me dejó, además, una nota. La nota decía:

Querida Kayla:
Vine a visitarte durante la noche. Esperé hasta que te durmieras. Sé que te esforzaste mucho por mantenerte despierta y me gustaría pedirte un gran favor: no trates de esperar mi llegada otra vez. . No puedo explicártelo ahora, pero sólo visito a los niños cuando están durmiendo. Parte de mi magia se perdería si me ves, y probablemente se perdería mucha si me tomaras una foto.

Espero que te guste el regalo. Sí que me gustó tu diente. Es precioso. Es tan blanco que brilla. Sé que lo cuidaste muy bien te prometo hacer lo mismo. Por favor, sigue cuidando el resto de tus dientes y volveré a visitarte pronto (cuando estés dormida).

Te quiere,
El Ratoncito Pérez